A poco de cumplirse un mes de un episodio todavía poco claro, pero que desató una polémica en Villa Mercedes, salen a la luz algunos testimonios que no le juegan nada a favor a María Florencia Como, la jefa de guardia del policlínico regional, investigada por presuntamente negarse a asistir a un adolescente baleado. Aunque la profesional no se quedó con los brazos cruzados y respondió con una contradenuncia que apunta al accionar de los policías y la fiscalía que la investiga, trascendió lo que declararon dos efectivos respecto a lo que habría sucedido el sábado 12 de septiembre, puertas adentro del hospital, cuando le pidieron que asistiera al joven herido.
Los uniformados relataron que, en un tono un tanto prepotente, Como les recalcó que ella era la jefa de guardia y que, como tal, había dispuesto no atender al chico porque no le habían remitido ningún oficio judicial para hacerlo y no tenía conocimiento de en qué circunstancia resultó lesionado. En otras palabras, no le había brindado atención sanitaria porque no sabía si se hirió él mismo “jugando” con un arma de fuego, si fue víctima de un asalto o, muy por el contario, un delincuente al cual el robo le resultó mal.
De acuerdo con lo que afirmaron los policías, en una primera instancia, el adolescente, quien porta un apellido bien conocido en el ambiente delictual, pues muchos de los miembros de su familia cargan con un frondoso prontuario policial, dio una versión que, a las pocas horas, desmintió.
Contaron que el chico llegó al hospital del barrio Jardín del Sur y, en un principio, dijo que estaba en la calle, con su bicicleta, cuando se le acercó un hombre, sacó un arma de fuego y trató de robarle el rodado. Ahí nació un forcejeo, que terminó cuando el arma “se disparó” y el supuesto ladrón huyó sin lograr su cometido de sustraerle la bicicleta.
En el centro médico, lo revisaron y constataron que el proyectil que lo hirió no había salido de su cuerpo, sino que seguía incrustado en un dedo de una de sus manos. Los especialistas de ese hospital lo derivaron, entonces, al policlínico regional para que le realizaran la extracción de la bala.
En eso que el adolescente de 17 años aguardaba a ser atendido en el hospital “Juan Domingo Perón”, “se quebró”, dijeron los policías, y cambió drásticamente la versión de cómo resultó herido. Aseguró que estaba en su casa, en compañía de su novia, “jugando” con un arma calibre 22 cuando “se le disparó”.
Como fuere, según declararon los policías, luego de dos horas de espera, el personal de guardia del policlínico le habría respondido que lo que correspondía era que el joven fuera asistido por la médica policial, Sonia Palloni.
Al momento de hacerle la consulta, Palloni les explicó que no entendía por qué le habían dicho eso, pues no contaba con los medios para realizar una cirugía. No obstante, ella intentó hablar con Como, aseguraron los testigos. Pero el buen diálogo no habría sido del todo posible.
“Yo soy la jefe de guardia y yo di la orden”, le contestó cortante Como a Palloni, según declararon los efectivos. Reiteró, además, que sin oficio judicial no atendería a nadie y que ella desconocía cómo fue efectuado el disparo.
Fue, entonces, cuando la interpelaron. “¿Qué pasaría si ingresa una persona con un disparo y su vida corriera peligro?, ¿también esperaría a que llegue un oficio para asistirla?”, le plantearon. “Eso es otra cosa”, habría respondido Como.
Seguidamente, dispuso para el adolescente “que venga el lunes”. Le consultaron qué sucedería si, por transcurrir “varios días con el proyectil” incrustado, sufriera una infección. A lo que la mujer habría exclamado: “qué exagerado”.
