Anabela Lucero dijo que bajó 9 kilos, que vive estresada y corre peligro de infartarse

Anabela Lucero dijo que bajó 9 kilos, que vive estresada y corre peligro de infartarse

Anabela Lucrecia Lucero usó cada uno de los ilimitados minutos que le concedió el juez de Garantías 4, Santiago Ortiz, durante la audiencia de este viernes, en los tribunales de Villa Mercedes, no para defender su inocencia y desligarse del rosario de delitos de corrupción por el que está presa desde el 24 de agosto y por el que seguirá otros tres meses más en el penal. Dedicó cada palabra para retratar el supuesto calvario que atraviesa desde el 17 de septiembre, cuando recibió un pelotazo en un playón del Servicio Penitenciario de San Luis.

La exdiputada y dirigente política, imputada junto a su pareja, el diputado provincial Joaquín Beltrán, y otros cuatro exfuncionarios que administraban el Molino Fénix, durante el último gobierno de Alberto Rodríguez Saá, no estuvo presente en la sala del Poder Judicial. Pero sí participó de la audiencia por videollamada, como lo hicieron los otros acusados que también están con prisión preventiva; a saber: su hermano Enzo Lucero y su cuñado Exequiel Scarel.

Aunque se detuvo varias veces para tomar aire, el débil pero incesante llanto que acompañó su relato desdibujó por momentos lo que decía. Contó que a raíz de ese golpe, que sufrió tan solo tres semanas después de ser llevada al penal, la trasladaron de urgencia, a las 11 de la noche, a un centro médico porque el dolor que le producía la inflamación en uno de sus pechos se tornó intolerable.

Repasó que la llevaron a la Maternidad, el Hospital Central “Ramón Carrillo” y viceversa con “18 de presión”. Aunque reconoció que la asistieron muy bien, que todos los profesionales de la salud fueron muy atentos y los analgésicos que le recetaron la ayudan a diario a sobrellevar las dolencias, la vida ya no es vida.

Señaló que cuando la revisaron, al palpar el pecho que le golpearon con la pelota de básquet, descubrieron que tenía “una mama desplazada” y un implante encapsulado. “Tengo dolor todos los días”, aseguró y tan punzante y persistente es que se ve imposibilitada de usar el brazo derecho para vestirse, bañarse o lo que fuera.

También explicó que inició una huelga de hambre a causa del destrato que habría recibido de parte del servicio penitenciario que, según ella, trabó a través de miles de pasos burocráticos la realización de sus estudios médicos. No obstante, reveló que un profesional de la salud le advirtió que de, seguir con la huelga de hambre, corre “peligro de padecer un infarto” o un “desvanecimiento” por la insuficiencia de magnesio y otros nutrientes que le faltan, además, del “cuadro de hipertensión” que le habría generado el pelotazo.

Dijo eso, pero luego no dejó claro si continúa en plan de huelga o si ya desistió de esa idea, pues un rato más tarde comentó que la única vez que come bien es cuando la visita su familia y le lleva alimento acorde a su delicado estado de salud, es decir, una vez a la semana. “Ya bajé ocho o nueve kilos” afirmó y recalcó que no tolera más “tanto hostigamiento” y que “hay cosas que deben parar” en el penal.

Seguidamente se deshizo en eternos agradecimientos hacia el juez de Garantías. Destacó que fue gracias a la intervención del magistrado que pudo llevar adelante los estudios clínicos que necesitaba y que, según ella, tanto ralentizaban en la penitenciaria.

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