Pasaron ya más de dos años de la tragedia que se cobró la vida del capitán de la Fuerza Aérea, Mauro «Dogo» Testa la Rosa. Y, luego de varias pericias, que confirmaron y reconfirmaron que el avión que piloteó el 15 de julio de 2024 no cayó por un error suyo, la Justicia Federal se dejó de misterios y dio un paso importante para empezar a mencionar con nombre y apellido a los posibles responsables del siniestro que enlutó a Villa Reynolds. Llamó a indagatoria a los 11 sospechosos a los que apuntan todas las pruebas. Aunque, por una cuestión de reserva, propia de la naturaleza de la investigación federal, no trascendió quiénes son todos formarían parte del personal que se desempeña en la V Brigada Aérea, adelantó Bautista Rivadera, abogado de la familia de la víctima.
Esas personas ya fueron notificadas y cada una tiene fecha para presentarse en la sede de la Justicia Federal y responder a las preguntas de la fiscalía. Algunas tienen cita para el 14, 15, 17 y 22 de octubre. Y, según aclaró Rivadera, no son investigados por un delito en particulara sino por varios, entre ellos, “homicidio culposo”, “encubrimiento” y “falsificación y destrucción de documentación publica”.
El lunes de la tragedia, el capitán de 33 años había hecho pruebas aéreas durante toda la tarde. Ese día, alrededor de las 19, a poco de despegar, la máquina le manifestó algo que no le permitía seguir: una posibilidad es que haya perdido potencia. Cuando un avión del modelo A4 AR pierde potencia, el motor se paraliza y la única opción posible para quien lo conduce es la eyección, explicó un piloto.
Pero así tal cual estaba posicionada la aeronave no era posible ejecutar de manera segura la eyección, pues se hallaba a muy poca distancia del suelo a causa de que había perdido el tubo de escape, señaló el letrada. Por eso Testa La Rosa “lleva adelante una maniobra a los fines de que el avión, que había perdido el empuje, generara una mayor altura”, relató.
Seguidamente, se eyectó y el paracaídas se abrió. Pero nada salió bien. “El avión, cuando se precipita, estaba lleno de combustible y eso provocó una gran explosión, con una gran radiación y calor que alcanzó al piloto”, reconstruyó. El fuego desintegró el paracaídas, expuso a un altísimo calor al capitán y lo hizo caer a unos 50 metros del suelo.
La aeronave se vino abajo y se estrelló contra los pastizales del predio de la V Brigada Aérea, cerca de la pista. Tres dotaciones de bomberos voluntarios «El Fortín» trabajaron durante horas para extinguir las llamas.
