Eran dos, tenían un arma de fuego y una sola idea en la cabeza: la plata, la plata. Los ladrones que atacaron la noche del miércoles a un hombre y a su hijo, en su casa de las Quintas de la Betbeder de Villa Mercedes, no anduvieron con medias tintas ni vacilaron al momento del asalto. Roberto le contó, en exclusivo, a FM Latina que lo golpearon a él y al joven, los arrojaron al suelo, los ataron con toda clase de cables y los amenazaron con que si no les indicaban dónde escondían el dinero los iban a matar a tiros. Según calculan las víctimas, los delincuentes llegaron con la certeza de que ahí había plata, y mucha, porque alguien les había “pasado el dato”. Pero, ante el micrófono de este medio, el dueño de casa desmintió todo: “Si tuviera dinero no lo tendría acá (en su domicilio), sino en el banco”.
Eran aproximadamente las 20:30 cuando los damnificados escucharon ladrar de manera inusual a su perro en el patio del inmueble, situado en R.D. Rodo y Rivadavia. Roberto estaba en su dormitorio, cambiándose de ropa. El can ladraba como si encarara a alguien, describió el hombre. “Mi hijo se acercó a la puerta y ahí vio que había alguien del otro lado”, relató.
El extraño no era otro que un ladrón que, de inmediato, lo pateó y le apuntó con un arma de fuego. El chico gritó y su padre salió desesperado creyendo que el can lo mordía. Pero no fue eso, sino algo peor. “Cuando me acerco a la cocina, veo que tenían a mi hijo entre dos y me les fui encima”, narró. Solo cuando los tuvo a escasos centímetros Roberto se dio cuenta de que uno de los asaltantes empuñaba un arma.
Ninguno de los dos pudo ver bien sus rostros. Los ladrones cubrían sus caras con “cuellitos polares”. El hombre no supo decir sus edades, pero estimó que oscilan entre los veintitantos y los 40 años.
“Nos apuntaron con el arma, nos tiraron al piso, cortaron cables y nos ataron”, contó. Usaron el cable de un ventilador y también el de una plancha, el primero que avistasen para sujetarles las manos y los pies. “Nos decían que le teníamos que dar la plata porque ellos tenían todos los datos”, precisó Roberto sobre el accionar de los ladrones que actuaban como “si alguien los hubiera mandado” con la información de que allí había mucho dinero en efectivo.
“Nos golpearon y nos decían que le teníamos que dar la plata”, repasó. Pero como las víctimas no tenían la suma que pretendían, los delincuentes revisaban por su cuenta y, a los pocos segundos, perdían la paciencia, al no hallar nada. “En un momento, uno de ellos llevó a mi hijo arrastrándolo a la habitación y le aseguraban que si no decía dónde estaba la plata iban a quemar a uno de los dos”, relató el denunciante.
Pese a las constantes amenazas, los ladrones no consiguieron tener el control total del asalto. Roberto les demostró, por lejos, que miedo no les tenía. En dos o tres ocasiones cuando ellos revolvían sus pertenencias, el dueño de casa logró desatarse. En una de esas oportunidades alcanzó a manotear un cuchillo, marca Tramontina, para cortar el cable de sus piernas.
En eso que trataba de deshacerse de esas últimas ataduras, uno de los atacantes se le acercó. “Yo escondo el cuchillo en el pecho, pero él se da cuenta de que me había desatado y me comienza a golpear”, revivió. El delincuente volvió a sujetarlo y Roberto consiguió de nuevo quitarse el cable. Fue en ese instante cuando escuchó llegar a la novia de su hijo y, para evitar que la joven entrara y fuera víctima también de ese atraco, corrió hasta el patio. “Puse la escalera, me subí al tapial para avisarle que se fuera y que llamara a la policía porque si la veían la iban a meter”, detalló.
Pero desde allí no consiguió ver el auto de la chica y decidió saltar hacia el otro lado. “Me tiro y caigo en lo del vecino y me voy hacia el auto de ella”, agregó. “Llamá por teléfono porque nos están robando”, le pidió a la joven y corrió hacia lo de otro vecino para solicitarle también que se comunicara urgente con la policía.
Ahí nomás un amigo de ese vecino lo acompañó hacia su vivienda para rescatar a su hijo. Pero no fue necesario, en el camino vieron al chico alejarse a los saltos de su casa, todavía con los cables en los tobillos, y tratando de golpear la puerta de otros vecinos. En simultáneo, desparramados por la calle, escapaban los delincuentes. Llevaban pesos y dólares.
