Juzgarán al hombre esquizofrénico que mató a su madre con un machete porque no le compró una Pepsi

Juzgarán al hombre esquizofrénico que mató a su madre con un machete porque no le compró una Pepsi

Hace medio año que Fabricio Rotte está alojado en el Servicio Penitenciario de San Luis. Llegó ahí, consciente o no de que por delante no le espera menos que una posible prisión perpetua. Esta semana el proceso judicial, que podría encaminarlo hacia ese destino, avanzó. La fiscalía de Villa Mercedes ratificó la acusación en su contra por asesinar con un machete a Marta Bossa de Rotte, su propia madre, cerró el expediente y solicitó la elevación a juicio de la causa, con el respectivo pedido de pena de encarcelamiento perpetuo. Ahora solo resta que el Colegio de Magistrados constituya el tribunal que lo juzgará y fije una fecha para el inicio del debate oral, que considerando la altura del año lo más probable es que sea en la primera mitad de 2027.

El hombre de 45 años, quien padece de esquizofrenia, está imputado por “homicidio doblemente calificado por el vínculo y por alevosía”. A la hora de ratificar la acusación, el fiscal instructor 1 Maximiliano Bazla Cassina mencionó como único atenuante la falta de antecedentes penales y como agravantes las circunstancias en las que cometió el crimen, el estado de indefensión y de debilidad de la víctima cuando fue atacada.

“No me quedó otra”

De acuerdo con la reconstrucción lograda por los investigadores, el matricidio sucedió el 18 de marzo, entre las 20:30 y las 21. Ese miércoles, un rato después del homicidio, una amiga con la que Marta había tomado mates la llamó por teléfono. Lo hizo varias veces y, como nadie la atendió, preocupada, con el acertado presentimiento de que algo malo ocurría, llamó al celular a uno de los hijos de la víctima de 69 años.

El hombre, que vive al frente de la casa donde residía su madre y el acusado, cruzó hacia lo de la jubilada, a Ivanowsky 120. Pero no pudo entrar a la vivienda. Las puertas y ventanas estaban cerradas desde adentro. Cuando consiguió abrir una reja, situada a un costado, vio a su hermano. Estaba bañado de sangre y deambulaba de un rincón a otro del inmueble, como no sabiendo qué hacer.

Le preguntó por su madre y él respondió: “No me quedó otra”. Apenas escuchó eso, el testigo fue hasta la parte trasera del domicilio y, desde el patio, pudo ver el cadáver de Marta. Trató de ingresar, pero la puerta de ese lado tenía un candado que el acusado había trabado desde el interior.

Matar por una gaseosa

Los parientes, que más conocen al imputado, refirieron que cuando él no tenía lo que quería, cuando una idea se fijaba en su cabeza y, en la práctica, su deseo no se volvía realidad reaccionaba con violencia. Lo describieron como un chico que se atacaba cuando no conseguía lo que quería. Estaba obsesionado con Pepsi, no bebía gaseosa de otra marca. Tomaba tres botellas por día.

Según la hipótesis de la fiscalía, la noche del matricidio Marta lo privó de su bebida preferida. Pero no fue una idea antojadiza sino que, como siempre, buscó cuidar su salud. Rotte era diabético. Su diabetes estaba por las nubes, al igual que su nivel de colesterol. La mujer ya había hablado con sus otros hijos y les había contado que empezaría a mermarle de manera paulatina la cantidad de gaseosa edulcorada.

No está claro si  estaba medicado o si había sido diagnosticado siquiera por sus ataques de ira, pero de lo que sí dejaron constancia sus hermanos fue sobre su naturaleza violenta. Según contaron, hace 10 años, por un motivo que no trascendió, se molestó tanto con su madre que llegó a amenazarla. Por entonces, nadie en la familia quiso denunciarlo.

Pero, de acuerdo con el reporte que el psiquiatra judicial le remitió a la fiscalía, al momento del asesinato no experimentó un brote psicótico agudo. No tuvo alucinaciones, ni delirios y tampoco vio ni sintió nada que no estuviera allí, refirieron. Como sí había sufrido en otros períodos de su vida, como cuando afirmó que era acechado por extraterrestres, que querían matarlo, o cuando creía que su computadora le hablaba.

Nada de eso habría ocurrido la noche que golpeó unas 20 veces el frágil cuerpo y cabeza de la víctima con una especie de machete, que no tenía punta. Por la falta de filo no logró que la hoja del arma blanca penetrara en la integridad física de la jubilada, pero la potencia de ese arremeter persistente y constante le hundió el hueso del cráneo hasta la muerte.

No deliberaba, sabía que asesinaba a su madre, concluyó el psiquiatra.

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