En la última semana a Anabela Lucero, la exdiputaba imputada y detenida por presuntamente ser parte de una asociación ilícita que habría robado al menos unos $900 millones en fondos públicos con la administración del Molino Fénix, pasó por todo. Sus abogados, Esteban Bustos y Adriel Cabello, confirmaron que desde hace más de un mes sufrió innumerables “picos” de presión, pero que el peor de todos lo experimentó últimamente, acompañado de “dolores inhumanos” que la tienen a mal traer y hasta la persiguen en las noches. Todo por un pelotazo que le pegaron en el pecho en en penal de San Luis, afirman. Desde el lunes aseguran —y al día de hoy lo sostienen— que su clienta debe ser intervenida quirúrgicamente porque, según reveló uno de los tantos estudios a la que la sometieron, el golpe con la pelota de básquet le rompió un implante mamario; y he ahí la razón del sufrimiento que tanto la acucia.
Hasta ahí lo que asevera la defensa de la dirigente política del seno de Alberto Rodríguez Saá. Pues bien, de acuerdo al resto de informes médicos que constan en la historia clínica de Lucero, esa dramática necesidad de ser operada cuanto antes y que presenta como única alternativa viable su traslado innegociable a Córdoba para ser asistida exclusivamente por un médico de allá y ninguno de acá, no es tal.
En los estudios recientemente incorporados al expediente, más de un profesional de la salud concluyó no solo que no hay signos de rotura ni ningún tipo de complicación que vuelva apremiante una cirugía urgente, sino que, muy por el contrario, confirman que ambas prótesis están tanto en forma, superficie y otros criterios de evaluación dentro de los “parámetros normales”.
En reiterados momentos de la extensa historia clínica, generada por las constantes revisiones que solicitó la exlegisladora, los médicos aclaran que no observaron anomalías en los implantes. Repasaron que la mujer les refirió que padecía de un punzante dolor en el pecho, en la zona del implante mamario derecho, por un pelotazo que le dieron el 17 de septiembre pasado. La imputada describió la dolencia como “una puntada”, diaria, persistente y con una intensidad moderada.
Los profesionales de la salud también dejaron constancia de que ella les refirió que el dolor aumentaba cuando se agachaba y que eso la limitaba a la hora de bañarse y vestirse. No obstante, a diferencia de lo que tanto ha trascendido de parte de sus abogados, ella negó un estado febril u otra clase de síntoma.
Según supo este medio, hace cinco años que se sometió a esa cirugía de aumento de busto. Y, antes de recibir el golpe con la pelota en un playón del Servicio Penitenciario, nunca antes había tenido un problema vinculado a las prótesis.
Los profesionales de la sanidad indicaron con claridad que, al momento del examen, los implantes no tenían indicios de colapso, ni complicación aguda y muchos menos signos de rotura intra o extracapsular. En base a ese diagnóstico, las únicas indicaciones para alivianar los dolores que les sugirieron los especialistas fue la ingesta de un medicamento de venta libre, como el paracetamol, y otro remedio con 10% de tramadol, un poderoso analgésico que solo suministran bajo receta médica. En síntesis, consignaron que descartan una “conducta de urgencia” y recomendaron, en todo caso, hacer un seguimiento ambulatorio con especialista en cirugía plástica y medicina del dolor.
