Gonzalo Martín Suárez pasó los últimos ocho días en el calabozo de una comisaría de Villa Mercedes, por haber atropellado con su auto a Cristian Gil y escapar de la escena del choque sin darle siquiera una mano al motociclista. Tal vez por los antecedentes que existen en otros casos de accidentes viales, pensó que este jueves cuando el juez Santiago Ortiz tuviera que decidir si seguiría detenido o recuperaría la libertad, tenía la sólida esperanza de que volvería a ser un hombre libre. Pero eso no sucedió.
A pedido del Ministerio Público Fiscal (MPF) y el abogado de la familia de la víctima, el magistrado resolvió ampliar las imputaciones en su contra por dos delitos más, vinculados al siniestro, y le dictó la prisión preventiva por los siguientes 60 días. Por lo que, en el trascurso de la tarde, será trasladado al Servicio Penitenciario de San Luis.
En la audiencia de la semana pasada, el fiscal instructor 1 de Villa Mercedes, Maximiliano Bazla Cassina, no había anticipado, como sí suele hacer en otros casos, su intención de solicitar la prisión preventiva. Lo que significaba que quizás este jueves, a la hora de sostener la imputación, no plantearía la medida de medida de coerción más severa.
No obstante, en los últimos días salió a la luz una prueba fílmica que, a entender de la familia de la víctima y de todas las personas que la vieron, resultaba más que válida para requerir el encarcelamiento preventivo de Suárez y que se lo dictasen.
El elemento probatorio nuevo es un video de una cámara de seguridad privada que muestra los minutos posteriores al accidente, cuando Gil yacía muy malherido tendido en una vereda. En la imagen puede verse a un hombre llegar caminando desde la vereda del frente y con las manos en los bolsillos de su pantalón corto, como si pasara por allí circunstancialmente. Esa persona, según unos testigos que estuvieron en el lugar, era Suárez. Al principio no sabían quién era, pues en ese momento él se había acercado como cualquier otro curioso y habría preguntado quién había atropellado al motociclista.
Los Gil están seguros de que regresó a la escena no para auxiliar al chico, sino para constatar si seguía con vida y, en una rápida ojeada, cerciorarse si en la zona había cámaras de video que lo hubieran captado. En la filmación que se hizo viral el hombre, que ya todos identifican como el imputado, se arrima a la víctima, se agacha y mueve un poco el cuerpo del joven herido. Mientras estuvo ahí habló por teléfono, dialogó con varios peatones y recién se marchó cuando llegó una ambulancia.

A la luz de esa nueva evidencia, en la audiencia de este jueves, el abogado de la familia del damnificado, Gonzalo Estrada, solicitó que la imputación por “lesiones graves culposas en accidente de tránsito agravadas por darse a la fuga y no socorrer a la víctima” le sumaran las figuras penales de “abandono de persona “y “el ocultamiento de prueba”.
A la hora de justificar el pedido de encarcelamiento preventivo, el MPF señaló la solidez de la imputación y el comportamiento del automovilista durante y después del siniestro. Dijo que con su accionar dejó más que claro que no tiene intenciones de someterse al proceso penal y hasta es capaz de entorpecer las averiguaciones si continúa en libertad.
Estrada coincidió con la fiscalía en que la posibilidad de entorpecimiento es evidente. Informó que todavía hay pericias que generar y su producción corre peligro si el imputado de 33 años era liberado.
El defensor Gastón Yllera, a su turno, se opuso a la prisión preventiva. Argumentó que los riesgos procesales de los que habló el fiscal y el abogado de la víctima fueron superados. Recalcó que se trata de un delito culposo, es decir, de un accidente que, por lo general, no conlleva un encarcelamiento y que, en ese punto, resultaba esencial de que la justicia se ajustara a la ley y su jurisprudencia, y no cediera a “la presión social y mediática”.
Sugirió como medidas alternativas al traslado al penal la prisión domiciliaria, con el monitoreo constante de una tobillera electrónica.
De terapia intensiva a intermedia
A la vez que trascendía ese segundo video, los Gil recibieron una nueva noticia. Luego de 10 días de estar en la misma camilla, la víctima de 22 años superó la terapia intensiva y, desde el miércoles, sigue su recuperación en una sala de internación intermedia. A principio de semana su evolución ya le había permitido abrir los ojos, hablar con sus familiares y respirar por sus propios medios sin depender más de los aparatos para eso.
