“¿Por qué no te morís de una vez?”, le gritó el cabo Rubén Palma a su expareja, según el relato de la mujer. Le manifestó eso en medio de una golpiza en la que también le habría pegado trompadas en la cara, tomado de los cabellos, arrojado al suelo y, cuando yacía en el piso, la habría pateado en la cabeza y el cuerpo. Esa fue parte de la reconstrucción de los hechos que expuso la fiscal instructora de San Luis, Delia Bringas, al momento de imputar al policía que hace un par de días fue detenido por dicha paliza y apartado momentáneamente de la fuerza de seguridad.
La hipótesis y la evidencia que presentó la representante del Ministerio Público Fiscal (MPF) fueron suficientes para que el juez de Garantías Juan Manuel Montiveros Chada aceptara la formulación de cargos contra del hombre por dos delitos y también para que dispusiera su prisión domiciliaria por los próximos dos meses.
Lo imputaron por “lesiones agravadas por mediar violencia de género” e “incumplimiento de una orden judicial”. Bringas contó que el efectivo y la víctima fueron pareja durante seis años. Ese lapso de la relación no fue tranquilo, sino que estuvo marcado por hechos de violencia, que llevaron, por ejemplo, a varias intervenciones judiciales en el 2022, repasó.
El último de los ataques sucedió el 5 de mayo pasado, en la casa de Palma, cuando discutían por presuntas infidelidades, señaló la fiscal. Rápidamente los gritos se convirtieron en golpes y la andanada de trompadas y patadas no tuvo un stop ni siquiera cuando la damnificada estaba tumbada en el piso, mirando, como podía, con el ojo derecho porque el otro había recibido un tremendo puñetazo.
El imputado se detuvo solo cuando la mascota de la familia intervino para que parara de atacar a la indefensa mujer. Él se esfumó del domicilio y ella, luego, con la ayuda de su padrastro fue trasladada a un centro de salud. El médico que la revisó constató que tenía lesiones que después fueron calificadas como leves. No menos de 15 días demoraron las heridas en desaparecer de su piel, remarcó la funcionaria pública.
La fiscal recordó que cuando el policía agredió a la denunciante él ni siquiera tenía permitido arrimársele, porque continuaba vigente una restricción de acercamiento impuesta por un Juzgado de Familia. Señaló que no solo violó la medida judicial esa vez, sino que hace apenas un mes volvió a hacerlo cuando se aproximó a su ex, en un boliche de la capital puntana, para pedirle que retomaran la relación.
Pese a toda la evidencia reunida hasta el momento, Bringas adelantó que todavía hay prueba por producir, Entre esos elementos están los testimonios de los hijos de la damnificada, que tienen ocho y doce años, y podrían sumar información de relevancia sobre el contexto de violencia de género que sufrió su madre.
