P.N.N. está preso desde principios de 2025. El martes, luego de una maratónica audiencia que incluyó alegados y veredicto, se enteró de que le esperan por delante muchos años más tras las rejas. La única diferencia es que lo mudarán de lugar y pasará de estar alojado en el Servicio Penitenciario de San Luis a permanecer en el Complejo Penitenciario de Pampas de las Salinas, reservado siempre para los condenados. El tribunal de Villa Mercedes que lo juzgó en las últimas semanas lo sentenció a 12 años de cárcel por violar dos veces a quien fue su hijastra, cuando ella era apenas una adolescente y convivía con él bajo el techo de la misma casa.
Los jueces Cintia Martin, Sandra Ehrlich y Virna Eguinoa lo declararon culpable de “abuso sexual con acceso carnal dos hechos en concurso real, doblemente calificado por ser la víctima menor de 18 años aprovechando la situación de convivencia preexistente y por la calidad de guardador en perjuicio de la hija de su ex pareja”.
A lo largo de un debate oral que tuvo varias audiencias intermitentes, los fiscales Ernesto Lutens y Leandro Estrada expusieron que las violaciones ocurrieron cuando la víctima tenía entre 12 y 15 años. En ese lapso de su vida, el ahora condenado estaba casado con la madre de la menor de edad.
Pero la chica no pudo exteriorizar lo que había sufrido sino hasta hace dos años, cuando cumplió 16 años. Una vez que su mamá supo lo que había pasado, denunció a P.N.N. y se divorció.
Aunque los investigadores no pudieron contar con un informe médico que diera cuenta de los ultrajes, porque la jovencita no presentó lesiones de una agresión sexual, sí pudieron apoyarse de lleno en todo lo que detalló en la Cámara Gesell. Los profesionales que la entrevistaron coincidieron en que su relato fue creíble y compatible con el de una víctima de una agresión sexual. A eso se le sumaron las declaraciones de la denunciante y de algunas docentes de la adolescente, indicaron los fiscales.
Durante los alegatos, Lutens y Estrada requirieron 20 años de prisión para el hombre. Mientras que sus abogados, Estefanía Poma de Otaegui y Federico Putelli, fueron por todo y solicitaron, lisa y llanamente, su absolución.
Sostuvieron que los testimonios no fueron contestes y que eran incongruentes entre sí. Además, como suelen plantear los defensores en este tipo de casos, indicaron que los psicólogos y los psiquiatras no siguieron las pautas establecidas para la realización de una Cámara Gesell, sino que formularon preguntas direccionadas para confirmar los supuestos abusos.
Cuando los alegatos terminaron y los jueces estaban a punto de retirarse de la sala para deliberar su fallo, P.N.N. habló por última vez. Lo hizo para decir, una vez más, que era inocente.
