A casi un año de que un tribunal de Villa Mercedes condenara a J.C. a 12 años de prisión por violar a una de sus hijas, una chica de tan solo 12 años y con una discapacidad que le impide oír, su otra hija pudo contar con lujo de detalles que ella también fue abusada por él. Todo ocurrió en la primera mitad del 2024, cuando el hombre sabía perfectamente que desde hacía tres años tenía prohibido acercarse a su familia, no solo por la causa de ataque sexual en curso sino también por las numerosas denuncias por violencia hacia su pareja. La chiquita, que hoy tiene nueve años, relató que un día que su madre no estada, él había entrado a su casa, se había metido a hurtadillas en su cama, mientras ella y su hermana dormían, y la había tocado en sus partes íntimas.
Aunque pasaron un par de años, al momento de narrar todo, la nena no se olvidó de nada. Recordó el día, el momento, el lugar y hasta qué vestía ella y el hombre cuando fue el ultraje. Eso la marcó, además de que cuando ocurrió, aunque no conocía al detalle todo lo que había sufrido su hermana, la chiquita estaba al tanto de que su padre algo muy malo había hecho.
La niña, por ese entonces de siete años, estuvo en condiciones de revelar lo que J.C. le hizo recién unos meses más tarde y, como siempre, sus confidentes fueron sus abuelos. Este año, después de más de medio año de espera por una audiencia en Cámara Gesell, ella pudo relatar ante los especialistas judiciales lo que sufrió. Ratificó todo, dijo una fuente que forma parte de la investigación.
Narró que el día del ultraje su madre había viajado a Villa Mercedes por un trámite. Cuando la mujer tenía que salir por trabajo o lo que fuera nunca dejaba a sus hijas solas en su casa de Justo Daract, sino bajo el cuidado de una niñera. Pero el día del abuso, de acuerdo con el testimonio de la nena, J.C. logró manosearla antes de la llegada de la niñera.
Consiguió ingresar por una ventana que estaba rota. Para evitar la entrada de cualquier persona, la madre de las niñas había ubicado allí un ropero. Pero el mueble no representó ningún impedimento para el hombre que ahora está en el penal. Hizo a un lado el armario, se acostó con sus hijas y abusó de la más chica, detalló una fuente, según lo que contó la criatura.
Los psicólogos y psiquiatras que la entrevistaron en Cámara Gesell concluyeron que su testimonio coincide con el de una víctima de un delito sexual, no detectaron que haya sido inducida por otra persona para decir lo que dijo, ni mucho menos que lo que narró haya sido mera fabula.
Como parte de la investigación ya declararon también los abuelos de la chiquita, quienes ratificaron su denuncia, su madre y una niñera. Si los tiempos de la Justicia no siguen estirándose como chicle, antes de que concluya este año la fiscal instructora de Villa Mercedes, Nayla Cabrera Muñoz, podría imputarlo por el abuso hacia esa otra hija.
En el juicio del año pasado determinaron que la violación de la menor con discapacidad sucedió la segunda quincena de diciembre de 2020. Por entonces, la víctima le dijo a su abuela, con todas sus limitaciones lingüísticas, de pronunciar y de oír: «Papá me tocó». E hizo un dibujo, que luego reprodujo en una Cámara Gesell.
Relató, como pudo, que el hombre la tocó con una mano en su entrepierna, luego le introdujo algo, no pudo decir qué, y le pegó en la boca, para que no hiciera ruido. El examen médico que le practicaron no dejó lugar a dudas. Tenía el himen destruido por un elemento de una contextura que fácilmente lastimaría la zona íntima de una criatura de 12 años.
