Atilio Rodrigo Canciani o, como le aclaró a una jueza que lo llamaban, “John Wayne” y “Bilardo”, ya conoce la cantidad de años en la cárcel que podría depararle en el hipotético caso de ser declarado culpable, en el juicio que deberá afrontar este año o el que viene por asesinar al policía federal retirado Miguel Ángel Quiroga. La cifra es similar al número de veces que apuñaló a la víctima. Veinte años de prisión, pues estiman que le produjo unas dos docenas de heridas al exmiembro de la fuerza.
El fiscal instructor 1 de Villa Mercedes, Maximiliano Bazla Cassina, también le solicitó a la jueza de Garantías 3, Natalia Pereyra Cardini, la extensión de la prisión preventiva hasta la finalización del debate oral en su contra.
El hombre de 49 años está acusado de “homicidio simple”, pero en un principio la fiscalía sospechaba que había asesinado a Quiroga para robarle en su propia casa. Esa hipótesis quedó descartada a finales de abril y, finalmente, el “John Wayne” de Villa Mercedes fue imputado por el otro tipo de homicidio y enviado a la cárcel el 1° de mayo pasado.
De acuerdo con la reconstrucción lograda por Bazla Cassina y su adjunta Cecilia Framini, el crimen ocurrió entre las 12:04 y las 13:27 del 11 de abril último. Diversos registros fílmicos les permiten sostener que esa fue la franja horaria en la que Cancini ingresó y egresó de la casa de Quiroga, situada en Rafael Cortez 680.
El imputado. también llamado “panadero”, había declarado que entró allí con la única intención de hablar con el policía retirado sobre el alquiler de un departamento que tenía en ese domicilio. Afirmó que, una vez dentro, cuando estaba en la cochera, el hombre de 66 años lo manoseó y luego se le lanzó encima. Ante esa agresión sexual, él solo trató de defenderse, sostuvo.
Forcejeó y, en esos intentos por quitárselo de encima o detenerlo, vio un cuchillo a su alcance. El arma blanca estaba sobre una mesa, al fondo del garaje, al lado de un asador.
“Le produjo lesiones en la espalda y el cuello”, indicó el fiscal instructor. Las estocadas fueron tan violentas que le perforaron la tráquea. Le provocaron un shock hipovolémico, determinó la forense Alba Pereira. Ese shock no es más que una pérdida de sangre incontenible que desencadena un paro cardiorespiratorio y lleva a alguien a la muerte en apenas minutos.
Gracias a tres cámaras de video que tiene la escuela, situada frente a la casa de la víctima, quedó establecido que alrededor de las 10 del sábado 11, el exefectivo salió de su domicilio y volvió al cabo de unos minutos. Había ido a comprar a un negocio y pagado con su tarjeta de débito. La única persona que entró a su vivienda después fue “el panadero”.
